Mostrando entradas con la etiqueta 2030. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2030. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2015

Práctica 7, educación 2030: con humor y sin acritud (Ignacio Yarza)

 Yo escojo la A :D

Opción A
Blanca, tenías razón, las cosas han ido a mejor. Qué maravilla. No quedan bosques pero sigo respirando el olor a pino, fumo cigarillos virtuales que no perjudican la salud de nadie y en clase de Sara los estudiantes ansían explorar la antigua Grecia de la mano de Sócrates.

Es un auténtico placer acceder a los videojuegos educativos que cada año se perfeccionan. Todo software libre, todo en varios idiomas. Menudo trabajo las editoriales. ¿Te acuerdas de cómo estudiábamos nosotros? Hasta los profesores ansían preparar las programaciones de aula y explorar al máximo posible los mundos virtuales. Quién podría resistirse a deambular por la infinidad de tiempos y espacios creados, quién a buscar ese detalle que mejorará la experiencia de los chavales.

Me encontré a Miguel el otro día. Trabaja en el mismo centro que Luis y Ramón y, mano a mano, llevan el departamento de lengua y literatura. Por lo visto les han aprobado la financiación para iniciar un proyecto de innovación docente: ¡quieren pasar una semana conectados en la virtualbase con un grupo de cinco estudiantes de bachillerato! Todos mayores de edad. Dice que en marzo van a seguir paso a paso la creación de las distintas lenguas que elaboró Tolkien. Creen que ese tipo nos puede dar alguna que otra clave, sobre todo en el aprendizaje de terceras y cuartas lenguas, para personas que no han pasado por los programas de estimulación precoz.

Jorge me cuenta que está con Mónica en el Cairo. Codirigen un proyecto de investigación y dan clase de cultura hispanoárabe a un grupo de veinte estudiantes. Sus aulas permiten emplear sistemas de realidad aumentada. ¡Qué envidia! El otro día me contó, recién salido de clase, que venían de atravesar la Alhambra mientras Boabdil se debatía entre el enfrentamiento y la rendición. La mayoría disfrutan con el morbo de toda la vida. Solo algunos, dice, prefieren corretear por las calles del Albaicín, en su esplendor de zocos, fuentes y recovecos hoy por completo desaparecidos.

¿Te lo puedes creer? A ver si para el año que viene instalan una de esas joyas, aunque solo sea una, en nuestro centro. ¿Cómo te imaginas las cosas dentro de otros cincuenta años? Yo, a mejor. Ya pasamos muchos miles de años haciendo que las cosas buenas parecieran caer en saco roto. Ahora, y hasta que el sol se apague o consigan hacer viables los viajes a otros planetas, caminaremos hacia una extinción mucho más amable.

Bueno te dejo, estoy aquí con Rubén y Marga, que dicen que Rovira no deja de proponerles nuevas ideas y proyectos futuros... quién les mandaría cogerle de tutor para el TFM.
Besos.
/**/ignacio has loged out at 20:36


Opción B
«No te agobies, desconecta un poco». «Lo que necesitas es un paréntisis, desconectar». «Mira, cuando yo estoy así, lo que hago es apagar el móvil, el ordenador, y salir a dar un paseo». Qué fácil era todo antes de los nano-robots. Ahora, por controlar, controlan hasta lo que pensamos. ¿Desconectar? eso es cosa del siglo XX. Ahora la diferencia entre los conectados y los desconectados es tan abismal... Recuerdo perfectamente el viernes de aquel fatídico decretazo. Conectividad y sincronización absolutas. Pensé en hacerme mendigo vocacional, abandonarlo todo. Pero no sería tan fácil. Hasta los mendigos debían ser conectados. Además, los desconectados pasaban a tener una consideración mucho peor que cualquier otro ser humano.

Pero cómo empezó todo esto. Ahora no sé si creer que empezamos poniéndole chips a las palomas y terminamos inyectándolos a todo sujeto viviente. ¿Queréis un ejemplo que, de cotidiano y burdo, apesta a inhumanidad? Ayer pensé que el director del centro en el que trabajo era un gil***llas. No se lo dije, lo pensé, es más, después me sentí mal por haberlo pensado. Solemos llevarnos bien, pero claro, existe una jerarquía en todo. ¿Qué absurdo no? Sobre todo sabiendo que por un pensamiento así, sumado a todos los que incontrolablemente me sacuden cada día, me jugaba un expediente disciplinario.

No supe qué hacer. Una vez la amenaza constante se hace real, esto es, cuando una voz te anuncia que has sido amonestado, date por perdido. Es una voz que resuena en tu cerebro, te comunica el pensamiento delictivo (o la cadena de pensamientos que te han conducido a esa situación) y casi automáticamente eres detenido. Qué hice: me limité a consumir esas benditas pastillas. La ley no tiene en cuenta los pensamientos bajo estímulos de antidepresivos. Consideran que el sujeto «está tomando medidas preventivas». Sí, viene a ser algo así como una especie de «autocensura» con muy buena prensa. Es curioso en lo que se han convertido las cosas. Pensé «cuando me detengan, al menos habré tomado las pastillas y eso atenuará las posibles sanciones reeducativas».

Vinieron, claro. Me detuvieron. Observaron que tomaba pastillas varias veces al día. Analizaron el caso y decidieron que era un ciudadano normal, con una vida triste, mezquina, que albergaba algún tipo de ensoñación que pronto erradicarían. En menos de medio siglo no quedarían personas pre-conexión en el mundo.

Todos decían: usa las TIC, introduce las TIC... sin TIC no les entra... deja los libros... usa redes sociales de lectura... regístrales con todos sus datos en una red social... comparte su alma con el diablo... y yo... me sentía fatal. Pensaba: ¿pero no véis que lo que necesitan estos chavales es salir a dar clase en mitad del campo, de una avenida o a bordo de un barco? Ahora procuro no pensar eso o si lo pienso que sea drogado, para que cuando vengan a detenerme, me tomen por un simple, o no tan simple, tarado: por un contradictorio e impredecible ser humano.






lunes, 25 de mayo de 2015

Práctica 7.- El examen extinto.

Diario El País Republicano, 24/05/2030, sección de Opinión del Ciberlector.

El examen extinto

A propósito de la noticia publicada ayer en la edición digital de este Diario sobre el reciente Decreto-Ley 10/2030 que establece los nuevos criterios de evaluación en Secundaria, quisiera manifestar mi enhorabuena al Sr. Ministro de Educación por saber estar a la altura de las circunstancias en un momento en que resultaba vital una revisión de los procedimientos académicos que rigen el desarrollo de las actividades formativas, especialmente de aquellas que se refieren a la evaluación de conocimientos.
Quizás hoy recuerden algunos que, en otros tiempos, fuimos preparadores de exámenes. Desde la adolescencia, nos vimos abocados al estudio forzoso de conceptos y lógicas ajenas, arcano aprendizaje entre termos de café y horas de insomnio, con el empeño de condensar y reducir al calibre de nuestro meollo toda aquella amalgama de apuntes manuscritos. Luego, alcanzados como un rayo por el día y la hora, nuestros conocimientos eran puestos a prueba en el incómodo papel que roía la estilográfica. Quizás también recuerden ese díscolo acto de la calificación, sujeto casi siempre a la inflexión subjetiva de aquel temido profesor de Historia que amenazaba con volver siempre. La maldición caía sobre el abrumado alumno que no atendiese solícito su consideración irrevocable de sabio enciclopedista, renunciando así a la libre condición de su albedrío que hoy reconoce nuestra amadísima Constitución de la Tercera República Española. Lo que hoy sería ilegal, por inconstitucional, era práctica usada con normal tremebundia.
Hoy las cosas difieren de tan enteco modo de observar el saber del aprendiz. Fueron, no obstante, muchos los métodos probatorios con los que se experimentó durante años la condición antedicha del examen; años todos de esfuerzo para ensayar los más prudentes métodos pergeñados por pedagogos y maestros con el objeto de comprobar el esfuerzo del alumnado sin menoscabo de su entidad personal. Los más avalados estudios de entonces alcanzaron a concluir que el problema no era tanto atribuible a fallos en la metodología de evaluación como sí al sentido objetivo del estudio con fines probatorios; es decir, que no era tan importante asumir la calidad de los resultados como la observación cartesiana de un proceso ligado al saber, y al saber hacer, de aquellos que antaño fueron aprendices. Hoy, los hallazgos de la Psicometría y la extensión de los lectores laser metrocentiles permiten en nuestras modernas escuelas una determinación exacta, objetiva y rigurosa de los vectores de aplicación, excogitación y transferencia conceptual de la mente durante la dinámica normal de la clase. De este modo, el aprendiz, mediante los mecanismos de medición inteligente, es sometido sin mayor incomodo a un proceso de evaluación secuencial-emocional (término que empieza a ser normalizado en la nuevas programaciones didácticas) desde el primero hasta el último minuto de la jornada escolar durante todo el periodo lectivo. Acábase así con la endémica instrumentalización de aquellas pretéritas actividades de evaluación que, hasta ayer mismo, violentaban la dignidad intelectual y la ética de nuestros beneméritos educandos. Gaudeamus igitur.


J. Pascual Asensi (Alicante, 54 años de edad)